La regulación emocional y la conducta del alumnado con TEA es uno de los aspectos que más preocupan a los y las docentes y que ocupan más tiempo y suponen más preocupaciones. Por ello, es fundamental la observación de la situación que rodea a una desregulación emocional (o meltdown) para deducir el estímulo que lo ha provocado, así como preguntar a las familias qué es lo que le molesta y cómo se soluciona de la mejor manera.
Claves para la Comprensión y Manejo de las conductas en Educación Infantil:
En definitiva, la conducta del alumnado con TEA en educación infantil, aunque a veces desafiante, siempre es una forma de comunicación. Comprender el «porqué» de estas conductas y responder con un enfoque de apoyo, estructurado y centrado en las necesidades individuales del niño o niña, es fundamental para su inclusión, bienestar y desarrollo integral.
Es importante tener en cuenta su madurez emocional. Puede ocurrir que una persona autista tenga una situación emocional de un niño de uno o dos años y debemos pensar qué es lo que necesitaría para regularse: empezar por comprobar sus necesidades básicas -pañal, comida, dolor físico… y seguir por cogerle las manos o hacer una ligera presión sobre sus hombros, si es que no rechaza el contacto físico o cantar o poner una música relajante o cualquier otra estrategia que le pueda funcionar.
La gestión de las características conductuales en el alumnado con TEA requiere un enfoque proactivo, individualizado y basado en la comprensión. Al proporcionar un entorno estructurado, predecible y de apoyo, y al enseñar habilidades alternativas, se puede ayudar al alumno a desarrollar mayor autonomía y bienestar en el aula.
Identificación emocional
Hay que enseñar al alumnado un vocabulario emocional que le permita identificar y nombrar sus propias emociones y las de los demás (usando tarjetas con caras, pictogramas de emociones).
Usar apoyos visuales (escalas de emociones, tarjetas) para que el alumno o alumna identifique cómo se siente y el nivel de intensidad.
Es necesario que el niño o niña conozca su cuerpo y las manifestaciones de las distintas emociones para poder anticiparlas y buscar soluciones.
Del mismo modo, también se puede intentar prever aquellas situaciones que puedan generar estrés y preparar al alumno o alumna con anticipación cuando se tenga que enfrentar a ellas.
Estrategias de autorregulación
Una vez que el niño o niña (o su maestro o maestra) identifica las manifestaciones de esas emociones, debe aprender las técnicas que le permitan evitar que se descontrolen. Algunas de esas técnicas son de respiración, contar hasta diez, apretar una pelota antiestrés, ir a un lugar tranquilo (por ejemplo, el rincón de la calma), etcétera.
Apoyo conductual positivo (ACP)
El Análisis Funcional de la Conducta es una herramienta que permite identificar las conductas del niño o niña, teniendo en cuenta el contexto en el que se dan, con el fin de extraer información, detectar un patrón (ej. ¿qué la desencadena? ¿qué gana el alumno o alumna con ella?) y poder prevenir abordando la causa y no sólo el síntoma.
La observación resulta fundamental en el ACP. El maestro o maestra debe prestar atención constantemente a las señales no verbales del alumno o alumna (gestos, posturas, vocalizaciones, cambios de comportamiento…) que pueden indicar una necesidad, una emoción o sobrecarga.
Modificación de conducta: siguiendo la metodología conductista, pretende reforzar las conductas deseadas e ignorar las no deseadas, a través de los refuerzos (sociales, materiales o basados en actividad) cuando el alumno o alumna realiza una habilidad alternativa o se autorregula. Por ejemplo, refuerzo de conductas incompatibles cuando en lugar de gritar, aprende a pedir un descanso con una tarjeta.
Manejo de intereses restringidos:
Fichas de observación
Con el fin de registrar la información de la manera más fiable y rigurosa posible, se deben diseñar fichas de observación, especialmente relacionadas con la conducta. Conocer al alumno o alumna con TEA y ser capaces de anticipar las desregulaciones o colapsos para prevenir o intervenir de manera temprana, va a reducir el conflicto en el aula.
Algunas actuaciones requieren un trabajo coordinado en el que cada persona debe saber previamente cómo actuar, reduciendo la improvisación o la desorganización.
Ejemplos de protocolos en el entorno educativo pueden ser, por ejemplo, los que se llevan a cabo en caso de Intervención Física Restrictiva, de acoso escolar o de autolisis.