Regulación emocional y conducta

La regulación emocional y la conducta del alumnado con TEA es uno de los aspectos que más preocupan a los y las docentes y que ocupan más tiempo y suponen más preocupaciones. Por ello, es fundamental la observación de la situación que rodea a una desregulación emocional (o meltdown) para deducir el estímulo que lo ha provocado, así como preguntar a las familias qué es lo que le molesta y cómo se soluciona de la mejor manera.

Claves para la Comprensión y Manejo de las conductas en Educación Infantil: 

  1. Observación y Evaluación Funcional de la Conducta: Es fundamental observar qué ocurre antes (antecedente), durante (conducta) y después (consecuencia) de una conducta. Esto ayuda a comprender la función de la conducta (¿qué intenta comunicar el niño o niña? ¿qué obtiene o evita con ella?). La conducta suele ser una forma de comunicación.
  2. Anticipación y Previsibilidad: Los horarios visuales, las historias sociales, el uso de imágenes y la anticipación de los cambios son herramientas poderosas para reducir la ansiedad y prevenir conductas desafiantes. 
  3. Comunicación Adaptada: Utilizar un lenguaje claro, sencillo y directo. Apoyarse en pictogramas, imágenes y gestos. Enseñar al niño o niña formas funcionales de comunicarse (pedir un descanso, expresar que «ya ha terminado», pedir ayuda).
  4. Estructura y Rutinas: Mantener un entorno estructurado y predecible. Delimitar los espacios del aula para diferentes actividades (juego libre, trabajo en mesa, rincón de calma). Explicar bien qué se va a hacer, por qué, cuándo y hasta cuándo. 
  5. Entorno Sensorialmente Adaptado: Reducir la sobrecarga sensorial (luces tenues, menos ruido, espacios de calma). Ofrecer estímulos sensoriales reguladores (juguetes sensoriales, peso, columpios, auriculares de cancelación de ruido si los necesita). 
  6. Enseñanza Explícita de Habilidades: Enseñar habilidades sociales, comunicativas y de autorregulación de forma directa y estructurada, utilizando modelado, role-playing y refuerzo positivo. 
  7. Refuerzo Positivo: Celebrar y reforzar cualquier intento de interacción o conducta adaptativa. Identificar lo que es altamente motivador para el niño o niña y usarlo como reforzador. 
  8. Flexibilidad y Paciencia: Cada persona es diferente. Lo que funciona para una puede no funcionar para otra. Es crucial ser flexible, paciente y constante en las estrategias. 
  9. Colaboración Familia-Escuela: Mantener una comunicación fluida y constante con las familias es vital. Compartir información, estrategias y celebrar los avances juntos.
  10. Formación del Equipo Educativo: Es esencial que el personal de la escuela tenga formación específica en TEA para comprender las particularidades del autismo y aplicar las estrategias adecuadas. 

 

En definitiva, la conducta del alumnado con TEA en educación infantil, aunque a veces desafiante, siempre es una forma de comunicación. Comprender el «porqué» de estas conductas y responder con un enfoque de apoyo, estructurado y centrado en las necesidades individuales del niño o niña, es fundamental para su inclusión, bienestar y desarrollo integral. 

Es importante tener en cuenta su madurez emocional. Puede ocurrir que una persona autista tenga una situación emocional de un niño de uno o dos años y debemos pensar qué es lo que necesitaría para regularse: empezar por comprobar sus necesidades básicas -pañal, comida, dolor físico… y seguir por cogerle las manos o hacer una ligera presión sobre sus hombros, si es que no rechaza el contacto físico o cantar o poner una música relajante o cualquier otra estrategia que le pueda funcionar.

La gestión de las características conductuales en el alumnado con TEA  requiere un enfoque proactivo, individualizado y basado en la comprensión. Al  proporcionar un entorno estructurado, predecible y de apoyo, y al enseñar  habilidades alternativas, se puede ayudar al alumno a desarrollar mayor  autonomía y bienestar en el aula. 

Identificación emocional

Hay que enseñar al alumnado un vocabulario emocional que le permita identificar y nombrar sus propias emociones y las de los demás (usando tarjetas con caras, pictogramas de emociones).

Usar apoyos visuales (escalas de  emociones, tarjetas) para que el alumno o alumna identifique cómo se siente y el  nivel de intensidad. 

Es necesario que el niño o niña conozca su cuerpo y las manifestaciones de las distintas emociones para poder anticiparlas y buscar soluciones.

Del mismo modo, también se puede intentar prever aquellas situaciones que puedan generar estrés y preparar al alumno o alumna con anticipación cuando se tenga que enfrentar a ellas.

Estrategias de autorregulación

Una vez que el niño o niña (o su maestro o maestra) identifica las manifestaciones de esas emociones, debe aprender las técnicas que le permitan evitar que se descontrolen. Algunas de esas técnicas son de respiración, contar hasta diez, apretar una pelota antiestrés, ir a un lugar tranquilo (por ejemplo, el rincón de la calma), etcétera. 

Apoyo conductual positivo (ACP)

El Análisis Funcional de la Conducta es una herramienta que permite identificar las conductas del niño o niña, teniendo en cuenta el contexto en el que se dan, con el fin de extraer información, detectar un patrón (ej.  ¿qué la desencadena? ¿qué gana el alumno o alumna con ella?) y poder prevenir abordando la causa y no sólo el síntoma.  

La observación resulta fundamental en el ACP. El maestro o maestra debe prestar atención constantemente a las señales no verbales del alumno o alumna (gestos, posturas, vocalizaciones, cambios de comportamiento…) que pueden indicar una necesidad, una emoción o sobrecarga.

Modificación de conducta: siguiendo la metodología conductista, pretende reforzar las conductas deseadas e ignorar las no deseadas, a través de los refuerzos (sociales, materiales o basados en actividad) cuando el alumno o alumna realiza una  habilidad alternativa o se autorregula.  Por ejemplo, refuerzo de conductas incompatibles cuando en lugar de gritar, aprende a pedir un descanso con una  tarjeta. 

Manejo de intereses restringidos:

  • Utilizarlos como motivación para el aprendizaje: Integrar los intereses del alumno o alumna en las actividades de  aprendizaje (ej. si le gustan los dinosaurios, aprendemos a cuidar nuestro entorno en una historia con un dinosaurio como protagonista). Esto aumenta la motivación y el  compromiso. 
  • Utilizarlos como puente para la comunicación, permitiendo que hable de ello si le motiva y guiándolo para ampliar sus temas de conversación.
  • Expandir y Generalizar: Usar el interés restringido como punto de partida para  introducir temas relacionados o habilidades nuevas (ej. si le gustan los trenes, imaginar que estamos viajando en tren y saludamos en inglés). 
  • Establecer Límites: Enseñar cuándo y dónde es apropiado hablar o  dedicarse a su interés (ej. «Ahora es tiempo de contar un cuento, luego en el recreo puedes hablar del fondo del mar»). Usar  temporizadores visuales.

 

Fichas de observación

Con el fin de registrar la información de la manera más fiable y rigurosa posible, se deben diseñar fichas de observación, especialmente relacionadas con la conducta. Conocer al alumno o alumna con TEA y ser capaces de anticipar las desregulaciones o colapsos para prevenir o intervenir de manera temprana, va a reducir el conflicto en el aula.

Algunas actuaciones requieren un trabajo coordinado en el que cada persona debe saber previamente cómo actuar, reduciendo la improvisación o la desorganización.

Ejemplos de protocolos en el entorno educativo pueden ser, por ejemplo, los que se llevan a cabo en caso de Intervención Física Restrictiva, de acoso escolar o de autolisis.



  • Habilidades Sociales: Las habilidades sociales son las competencias que adquirimos a lo largo de toda la vida y que nos permiten interactuar con las personas que nos rodean de forma exitosa. Así pues, no debemos dar por sentado los comportamientos esperados del alumnado con TEA, sino que es preciso hacerlos explícitos y enseñarlos, modelarlos y practicarlos.
  • Agenda familias: Con el fin de mantener constantemente la colaboración y la comunicación familia-escuela, es interesante tener alguna herramienta que permita una información diaria, como es la agenda  de familias.
  • Secuencia mesa: Es fundamental reforzar cada pequeño o gran logro que se consiga y, junto con la importancia de la anticipación, esta herramienta permite tener presente qué va a ocurrir cuando el alumno o alumna termine el reto o tarea que se le propone.
  • Zona o aula de calma: Si la sobrecarga sube (por sobreestimulación, por ansiedad, por frustraciones…) es recomendable que exista un espacio donde poder descomprimir hasta que vuelva a estar en condiciones para volver a trabajar.
  • Registro de conducta: Observar y registrar qué ocurre alrededor de una situación ofrece una información muy valiosa que, tras el entorno familiar, el escolar está en una situación privilegiada. Esa información permite conocer al alumnado para prevenir o para detectar en sus primeros momentos las desregulaciones emocionales (o meltdown).
  • Agenda diaria: La agenda diaria es una herramienta adecuada para hacer una revisión de la situación emocional cada día. Así, el alumno o alumna va aprendiendo sobre sus emociones, a identificarlas y a ponerles nombre. 
  • Material para el profesorado sobre Conflictos/Desregulación: Una serie de aspectos a tener en cuenta en caso de conflictos o desregulación emocional (o meltdown) 
  • Material sobre modificación de conducta: Tras la observación, se puede definir qué conductas se quieren modificar, eliminar o ampliar y, a través de un sistema de refuerzos (premios), intentar ese aprendizaje para el alumno o alumna.
  • Protocolos de Actuación (IFR): Disponer y conocer los protocolos nos ayudan a saber que hay que hacer en una situación de crisis, evitar las duplicidades o las actuaciones inadecuadas. En este caso, es sobre las Intervenciones Físicas Restrictivas. 
  • Anticipación: La importancia de la anticipación es clave en el alumnado TEA, por lo que utilizar herramientas visuales que le digan previamente qué va a ocurrir y cuándo va a cambiar es fundamental.
  • Comunicación: Tanto por la forma en que nos comunicamos con el alumnado, como los canales de comunicación del alumnado con TEA son otro pilar fundamental para reducir las desregulaciones y los problemas de conducta porque, cuando el alumno o alumna se siente juzgado o incapaz de expresar, la frustración crece y puede estallar una crisis emocional.