Es preciso tener en cuenta algunas herramientas que favorezcan la comprensión, la comunicación, la regulación emocional y la autonomía del alumnado TEA:
Anticipación y predictibilidad: Los niños y niñas con TEA, a menudo, se benefician enormemente de saber qué va a ocurrir, cuándo y cómo. La incertidumbre puede generar ansiedad y la ansiedad dispara la desregulación. En todo momento (para cada actividad, para cada estrategia y para cada cambio) se debe explicar qué está ocurriendo o qué va a ocurrir, cuándo y por qué la persona con TEA tiene que hacer cada cosa (igual que a cualquier otra persona) pero con la particularidad de cómo es el pensamiento autista: hay que darle seguridad, predictibilidad y certezas.
Estructura y rutina visual: Un entorno estructurado y el uso de apoyos visuales les proporcionan seguridad y les ayudan a comprender las expectativas. Las imágenes les permiten escoger mejor que si se les plantean opciones verbales.
Individualización: Cada persona con TEA es única y debemos conocerla. El plan debe basarse en sus fortalezas, intereses, desafíos y nivel de desarrollo. (¿qué le gusta? ¿qué le molesta? ¿cuál es su color favorito?…)
Colaboración familia-escuela: Es fundamental una comunicación constante y bidireccional con la familia, ya que son quienes mejor conocen al niño o niña.
Comunicación clara y sencilla: Evitar el lenguaje figurado o abstracto y utilizar instrucciones directas. No debemos dar por sentado ninguna información o instrucción y debemos asegurarnos que la información le llegue (hablarle a su altura, pegarlo en un lugar que vea seguro -en el cole, en su mesa; en su casa, en el baño o en el dormitorio- o a través de un familiar). Tampoco debemos anticipar situaciones que no sean seguras.
Reducción de la sobrecarga sensorial: Muchos niños o niñas con TEA son hipo o hiper sensibles a estímulos sensoriales. En ocasiones, el aula tiene demasiado ruido o sus paredes tienen demasiada información.
Refuerzo positivo: Celebrar cada pequeño logro ayuda a construir confianza y motivación.