Tanto el centro educativo como las familias juegan un papel crucial:
Por parte del colegio:
Flexibilidad horaria: Realizar entradas escalonadas y ofrecer horarios reducidos al inicio, permitiendo que el niño o niña se incorpore gradualmente.
Comunicación con las familias: Establecer reuniones previas, mantener un contacto diario (entradas, salidas) e individualizado para conocer al niño o niña y sus rutinas.
Crear un ambiente acogedor: Decorar el aula de forma atractiva, ofrecer materiales motivadores y asegurar un espacio seguro.
Rutinas claras y predecibles: Establecer y mantener rutinas diarias (saludo, juego, comida, descanso) que den seguridad al niño o niña y le ayuden a estructurar su tiempo.
Actividades lúdicas y atractivas: Fomentar el juego, la música, los cuentos y la exploración para despertar la curiosidad y asociar la escuela con experiencias positivas.
Afecto y paciencia: Ofrecer un trato cercano, individualizado y respetuoso, transmitiendo seguridad y confianza.
Anticipación: Explicar lo que va a ocurrir durante el día y las rutinas.
Apoyo emocional: Entender y validar las emociones del niño o niña (llanto, rabietas) como parte del proceso.