Organización del espacio

Es recomendable organizar el espacio según las actividades que se realizan en cada zona. Así pues, en el aula se debe diferenciar entre: 

  • Zona de Trabajo Individual: Un espacio tranquilo para tareas que requieren concentración. Este espacio debe ser lo más parecido posible al del resto del alumnado. Se debe evitar que haya un rincón específico para las personas autistas.
  • Zona de Trabajo en Grupo: Para actividades colaborativas. 
  • Zona de Regulación o de la calma: Un rincón tranquilo con materiales sensoriales, de movimiento o de relajación, donde el alumno o alumna puede ir a autorregularse si lo necesita (mantas pesadas, juguetes sensoriales, libros, zona para caminar o saltar…).

 

Los espacios deben estar señalizados visualmente para facilitar la autonomía del alumnado. Se pueden pegar fotos de las personas que utilizan ese espacio en la puerta del mismo, así como en la percha y/o casillero donde está su material.

Puede haber un rincón de información donde se puede ir a consultar la agenda del día, el menú, los cambios relevantes… y así evitar que todas las paredes estén llenas de información.

Es importante cuidar el confort en el aula. En ocasiones, el alumno o alumna con TEA siente una hipersensibilidad (excesivamente sensible) o una hiposensibilidad (sensibilidad reducida) ante un estímulo y resulta difícil descubrir algo que le resulta muy incómodo o incluso doloroso porque es imperceptible para la mayoría de las personas (o personas neurotípicas). Por ese motivo, se debe recabar información previamente de la familia y, cuando se detecte una desregulación emocional, cambiar el contexto y probar distintos elementos del ambiente hasta que se encuentre el que genera la situación. En el apartado relativo a la Alteración Sensorial, se detallan algunos aspectos a tener en cuenta.

Para apoyar a este alumnado, es fundamental que los educadores y educadoras entiendan sus perfiles sensoriales individuales y adapten el entorno y las actividades. Algunas estrategias incluyen: 

  • Crear un ambiente sensorialmente amigable: Minimizar el desorden visual, usar luces suaves, reducir el ruido, ofrecer un espacio tranquilo para el retiro. 
  • Proporcionar «dietas sensoriales»: Actividades estructuradas que ofrecen el tipo de estimulación que el niño o niña necesita (ej. juguetes manipulativos, almohadas pesadas, columpios, actividades de presión profunda).
  • Usar apoyos visuales: Horarios visuales, temporizadores, señales de finalización para dar previsibilidad y reducir la ansiedad. 
  • Fomentar la exploración sensorial controlada: Ofrecer materiales con diferentes texturas, juegos de plastilina, arena, agua, pintura de dedos.
  • Adaptar la ropa: Sugerir prendas sin costuras o que no molesten al niño o niña. 
  • Ofrecer descansos sensoriales: Permitir que el niño o niña se retire a un espacio tranquilo o realice una actividad sensorial reguladora cuando sienta agobio. 

Comprender el procesamiento sensorial es clave para el bienestar y el aprendizaje del alumnado con autismo de infantil, permitiendo un enfoque más empático y adaptado a sus necesidades únicas. 

  • Señalización de espacios: Identificar visualmente cada espacio favorece la autonomía del alumnado.
  • Aula o rincón de la calma: Un aula o un rincón más apartado y menos concurrido donde el niño o niña pueda ir si necesita calmarse o estar en soledad. Puede  tener cojines, un libro o juguetes sensoriales o fidget toys..