Partiendo de los criterios diagnósticos, no podemos perder de vista que un niño o niña con autismo es, ante todo eso: un niño o una niña.
Por tanto, un currículum de intervención incluirá no solo lo que necesita por su diagnóstico, sino, probablemente con tanta o más intensidad, lo que forma parte de las áreas de desarrollo de cualquier menor de su edad. Tradicionalmente, esto va a suponer optimizar la evolución en el ámbito del lenguaje y la comunicación, el desarrollo cognitivo, el desarrollo de la psicomotricidad y la conducta adaptativa.
Según Peter Vermeulen, es importante mirar más allá del comportamiento para entender el autismo. El autismo es una forma de procesar la información pero hay mucho más en el cerebro autista que pensamiento autista. No hay ninguna emoción ni ninguna necesidad exclusiva del autismo: todas las personas tenemos las mismas. En lo que diferimos es en cómo las vivimos.
De la misma manera, Barry Prizant dice que no hay categorías como “comportamientos autistas” y “comportamientos humanos” y que tenemos más en común de lo que pensamos. Las características habituales en el autismo son similares a las de una persona neurotípica cuando se encuentra estresada (resistencia al cambio, necesidad de rutina o unas escasas habilidades sociales) y las personas con autismo tienen, habitualmente, un nivel muy alto de estrés.