Es recomendable organizar el espacio según las actividades que se realizan en cada zona. Así pues, en el aula se debe diferenciar entre:
Los espacios deben estar señalizados visualmente para facilitar la autonomía del alumnado. Se pueden pegar fotos de las personas que utilizan ese espacio en la puerta del mismo, así como en la percha y/o casillero donde está su material.
Puede haber un rincón de información donde se puede ir a consultar la agenda del día, el menú, los cambios relevantes… y así evitar que todas las paredes estén llenas de información.
Es importante cuidar el confort en el aula. En ocasiones, el alumno o alumna con TEA siente una hipersensibilidad (excesivamente sensible) o una hiposensibilidad (sensibilidad reducida) ante un estímulo y resulta difícil descubrir algo que le resulta muy incómodo o incluso doloroso porque es imperceptible para la mayoría de las personas (o personas neurotípicas). Por ese motivo, se debe recabar información previamente de la familia y, cuando se detecte una desregulación emocional, cambiar el contexto y probar distintos elementos del ambiente hasta que se encuentre el que genera la situación. En el apartado relativo a la Alteración Sensorial, se detallan algunos aspectos a tener en cuenta.
Para apoyar a este alumnado, es fundamental que los educadores y educadoras entiendan sus perfiles sensoriales individuales y adapten el entorno y las actividades. Algunas estrategias incluyen:
Comprender el procesamiento sensorial es clave para el bienestar y el aprendizaje del alumnado con autismo de infantil, permitiendo un enfoque más empático y adaptado a sus necesidades únicas.