Objetivos del periodo de adaptación

El periodo de adaptación en Educación Infantil es un proceso fundamental tanto para el alumnado y sus familias como para los y las profesionales del colegio.

Se refiere al tiempo que los niños y las niñas necesitan para familiarizarse y sentir seguridad en un nuevo entorno escolar, con nuevas personas, rutinas y espacios. Es un proceso gradual y personalizado que varía en duración para cada persona. 

Los objetivos principales de este periodo son: 

  • Para el niño o niña: 
    • Socialización e integración: Que se sienta parte del grupo, estableciendo relaciones afectivas y sociales satisfactorias tanto con sus compañeros como con los y las educadoras. 
    • Familiarización con el entorno: Que conozca y explore el nuevo espacio escolar (aulas, patio, baños, etc.) y los materiales disponibles, con seguridad y libertad. 
    • Adaptación a las rutinas: Que comprenda y asimile las nuevas rutinas y normas de la escuela (horarios de comida, descanso, juego, higiene). 
    • Desarrollo de la autonomía personal: Fomentar la independencia en actividades diarias. 
    • Gestión de la separación: Lograr progresivamente la separación de su familia y se sienta a gusto en la escuela, desarrollando confianza en las personas adultas del centro. 
  • Para la familia: 
    • Superar la angustia de la separación: Ayudar a la familia a gestionar las emociones de la separación y a confiar en el equipo educativo. 
    • Conocer el centro y el equipo: Familiarizarse con las normas, horarios y el personal del centro, estableciendo un clima de confianza.
    • Colaboración: Que las familias se impliquen y colaboren activamente en el proceso, aportando información relevante sobre el niño o la niña. 
  • Para el educador o educadora: 
    • Crear un ambiente de seguridad y afecto: Ofrecer un clima acogedor, cordial y propicio para el aprendizaje. 
    • Conocer al alumnado: Recopilar datos sobre cada niño (hábitos, intereses, personalidad) para ofrecer una atención individualizada. 
    • Fomentar la comunicación: Establecer una comunicación fluida y constante con las familias. 
    • Organizar el entorno: Preparar el aula y los materiales de forma atractiva y motivadora. 

Aunque la duración y las manifestaciones varían, se suelen identificar fases en este proceso: 

  1. Fase de protesta (o rechazo): El niño o niña puede manifestar llanto, rabietas, inapetencia, problemas de sueño o regresiones en hábitos adquiridos (control de esfínteres). Es una reacción normal a la novedad y la separación.
  2. Fase de ambivalencia: Se alternan momentos de tristeza y resistencia con periodos de interés por las actividades y los compañeros. El niño o niña aún muestra resistencia a la separación, pero empieza a explorar el entorno.
  3. Fase de aceptación (o adaptación): El niño o niña disminuye las emociones negativas, participa activamente en las actividades, interactúa con compañeros y educadores, disfruta de la escuela y la separación de la familia se produce con menos dificultades. Muestra seguridad y felicidad en el centro.

La duración de estas fases es muy variable, pudiendo ir desde unos pocos días hasta varias semanas o incluso meses. Factores como la edad, la personalidad, experiencias previas y el tipo de apego influyen en este proceso.

 

  • Habilidades Sociales: Las habilidades sociales son las competencias que adquirimos a lo largo de toda la vida y que nos permiten interactuar con las personas que nos rodean de forma exitosa. Así pues, no debemos dar por sentado los comportamientos esperados del alumnado con TEA, sino que es preciso hacerlos explícitos y enseñarlos, modelarlos y practicarlos.
  • Agenda familias: Con el fin de mantener constantemente la colaboración y la comunicación familia-escuela, es interesante tener alguna herramienta que permita una información diaria, como es la agenda  de familias.
  • Secuencia mesa: Es fundamental reforzar cada pequeño o gran logro que se consiga y, junto con la importancia de la anticipación, esta herramienta permite tener presente qué va a ocurrir cuando el alumno o alumna termine el reto o tarea que se le propone.
  • Zona o aula de calma: Si la sobrecarga sube (por sobreestimulación, por ansiedad, por frustraciones…) es recomendable que exista un espacio donde poder descomprimir hasta que vuelva a estar en condiciones para volver a trabajar.
  • Registro de conducta: Observar y registrar qué ocurre alrededor de una situación ofrece una información muy valiosa que, tras el entorno familiar, el escolar está en una situación privilegiada. Esa información permite conocer al alumnado para prevenir o para detectar en sus primeros momentos las desregulaciones emocionales (o meltdown).
  • Agenda diaria: La agenda diaria es una herramienta adecuada para hacer una revisión de la situación emocional cada día. Así, el alumno o alumna va aprendiendo sobre sus emociones, a identificarlas y a ponerles nombre. 
  • Historia Social: Pequeñas narraciones que describen una situación social, lo que se espera de la persona y lo que los demás pueden sentir, ayudando a comprender las normas sociales. 
  • Horario visual: Permite ver de manera visual la organización del día.
  • Material para el profesorado sobre Conflictos/Desregulación: Una serie de aspectos a tener en cuenta en caso de conflictos o desregulación emocional (o meltdown) 
  • Material sobre modificación de conducta: Tras la observación, se puede definir qué conductas se quieren modificar, eliminar o ampliar y, a través de un sistema de refuerzos (premios), intentar ese aprendizaje para el alumno o alumna.
  • Protocolos de Actuación (IFR): Disponer y conocer los protocolos nos ayudan a saber que hay que hacer en una situación de crisis, evitar las duplicidades o las actuaciones inadecuadas. En este caso, es sobre las Intervenciones Físicas Restrictivas. 
  • Anticipación: La importancia de la anticipación es clave en el alumnado TEA, por lo que utilizar herramientas visuales que le digan previamente qué va a ocurrir y cuándo va a cambiar es fundamental.
  • Comunicación: Tanto por la forma en que nos comunicamos con el alumnado, como los canales de comunicación del alumnado con TEA son otro pilar fundamental para reducir las desregulaciones y los problemas de conducta porque, cuando el alumno o alumna se siente juzgado o incapaz de expresar, la frustración crece y puede estallar una crisis emocional.